Cuando damos la bienvenida a nuestro bebé, nos inundan una mezcla de emociones, sensaciones y cambios hormonales que pueden resultar abrumadores. A medida que pasan las semanas, nos adaptamos, aprendemos las necesidades de nuestro pequeño y establecemos una rutina. Pero luego llega el momento de reintegrarse al trabajo remunerado.
Es esencial comprender que este proceso es precisamente eso: un proceso. Reajustarse a la nueva rutina llevará su tiempo. Durante este período, es normal experimentar una gama de emociones, algunas más placenteras que otras, pero gradualmente nos vamos sintiendo más cómodos y encontraremos una nueva dinámica familiar.
Separarnos de nuestro bebé puede desencadenar emociones complejas y difíciles de manejar, como culpa, angustia, tristeza, miedo o ansiedad. Delegar el papel de cuidador principal requiere una gran dosis de confianza.
Es importante hacer una aclaración significativa: en algunos casos, una madre o un padre puede optar por volver al trabajo remunerado y puede vivir esta transición con alegría o alivio (porque estar todo el día en casa con un bebé tampoco es fácil y no todas las personas lo disfrutan). Si este es tu caso, debes saber que también es normal sentirse así y es completamente válido tomar esta decisión.
Sea cual sea tu situación, date permiso para procesar estas emociones y encontrar una nueva rutina que se adapte a tu nueva realidad. Es posible que te sientas agotado/a, con la mente dispersa, anhelando estar en dos lugares al mismo tiempo, extrañando a tu bebé (o tu profesión cuando estás en casa), y sintiendo que ya no eres la misma persona que antes de la baja.
Y sabes qué, eso es verdad. Ya no eres la misma persona, y tu vida ya no será la misma, pero eso está bien. Con el tiempo, te re encontrarás contigo mismo/a y descubrirás una nueva versión de ti que ahora también es madre o padre.
Me gustaría decirte que existe una solución mágica para todo esto, pero la verdad es que este proceso es un viaje que debes atravesar con paciencia, amor propio y compasión. Cada persona es única, y cada proceso es diferente. Permítete vivirlo a tu manera, sin juzgarte, sabiendo que este es un momento transitorio y que todo se acomodará con el tiempo.
Recuerda, esta fase de transición es solo eso: una fase. Con el tiempo, encontrarás tu equilibrio y descubrirás una nueva normalidad que te permitirá prosperar tanto en tu vida laboral como en tu vida familiar. Mantén la calma, sé amable contigo mismo/a y recuerda que no estás solo/a en este viaje. ¡Todo estará bien!