¿Eres corresponsable o ayudante?

La corresponsabilidad, como su nombre lo indica, es compartir la responsabilidad. 

Aún hoy, en la mayoría de los casos, una de las personas de la pareja asume la carga principal de la crianza y las tareas domésticas (generalmente la mujer), mientras que la otra colabora en algunas áreas (generalmente el hombre). 

Sin embargo, esto significa que una persona lleva todo el peso de la responsabilidad, coordinando, asegurándose de tener los recursos necesarios y resolviendo cualquier inconveniente que surja en el camino, mientras que la otra simplemente ayuda, desempeñando un papel secundario.

Si criamos y convivimos de manera corresponsable, ambos somos igualmente responsables por las tareas y debemos llevarlas a cabo de manera completa. Porque nadie tiene ese rol secundario, no estamos ayudando, si no que somos los “dueños” de esa tarea y debemos hacernos cargo de que la misma se realice de forma adecuada.

Por ejemplo, si nos toca preparar la cena, es nuestra responsabilidad pensar en el menú, asegurarnos de tener todos los ingredientes, preparar la comida y servirla.

Si en cambio, para que podamos hacer la cena nuestra pareja debe decirnos qué cocinar y comprar los ingredientes, entonces no estamos siendo corresponsables.

Del mismo modo, si nos toca hacer la compra del supermercado, debemos verificar qué necesitamos, hacer la lista, ir al supermercado y luego guardar los productos en casa.

Si, para hacer la compra, nuestra pareja debe darnos una lista hecha y después indicarnos donde se guarda cada cosa, entonces ya no hay corresponsabilidad.

Y por último, si vamos a bañar al bebe, debemos saber a qué temperatura poner el agua, qué shampoo o jabón usar, cómo bañarlo, cuál es su toalla, luego ponerle el pañal y el pijama, y por último guardar todo en su lugar.

El caso opuesto sería, que para bañar al bebe nuestra pareja deba llenar la bañera, dejar la toalla, el pañal y el pijama preparados, y luego volver a guardar todo.
Como verán, es más sencillo de lo que parece, pero esto implica comenzar a ver las cosas de otra manera y entender las responsabilidades del hogar y la crianza como un esfuerzo conjunto. Es decir, que no debería haber un responsable y un “ayudante”, si no una pareja igualmente comprometida, que se reparte las tareas según la disponibilidad de cada persona, pero sabiendo que ambas son igualmente responsables y valiosas en la crianza y el funcionamiento del hogar.

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